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¿Sí habrá luna de miel?

hace 14 horas
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  • ¿Sí habrá luna de miel?

Por Alberto Velásquez Martínez - opinion@elcolombiano.com.co

Cuando se creía que el conflicto entre los gobiernos de EE. UU. y Colombia iba a estallar, la diplomacia y el miedo aparecieron en escena. La verborrea desenfrenada entre Trump y Petro daba para creer que se repetiría la historia de la ruptura de las relaciones bilaterales en razón de la separación de Panamá, a comienzos del siglo XX. Tuvieron que pasar 20 años para normalizarlas ya bajo el gobierno de Marco Fidel Suárez, mirando no las estrellas petristas para regar “el virus” de la vida, sino la “estrella polar” del bellanita. Abrir el diálogo entre los dos intemperantes personajes parecía imposible, dada la pugnacidad verbal que manejan los dos ariscos presidentes. El presidente Petro, temeroso que le sucediera lo mismo que a Maduro, llamó telefónicamente al presidente Trump y este le contestó. El telón se sube para esperar el segundo acto que se realizará en Washington el mes entrante. Ojalá no termine en tragicomedia.

En Venezuela sigue vigente el siniestro binomio Diosdado-Padrino, animando sus escuadrones chavistas de asalto y soltando presos políticos a cuentagotas. En Colombia, los devotos de Santa Rita de Casia, abogada de los imposibles, juran que el poder de esta es tan prodigioso que en la visita a la Casa Blanca de Petro y su combo, recuperarán la visa y los sacarán de la Lista Clinton. Los escépticos opinan que el poder de Santa Rita es grande, pero no llega hasta lograr tal portento. Intentan más bien, dentro de la lógica, encontrar respuestas a lo sucedido en la charla telefónica, que puede abrir caminos para comenzar a arreglar entuertos, creados en el transcurso del primer acto de la comedia.

Una de las razones que se tienen para explicar ese giro del insulto a la zalema, ha sido el protagonismo del pragmático Marco Rubio, que habría convencido a Trump de que estrujar más a Petro y hacerlo mártir en plena agonía de su periodo presidencial, sería darle combustible para estimular la campaña electoral en favor de su candidato de la extrema izquierda, Cepeda. Posiblemente, lo persuadió para que no pusiera en riesgo electoral el andamiaje de las libertades económicas en Colombia, que aún existe, y que es también esencia ideológica en la cabeza del mandatario estadounidense. Se le ve sindéresis al hipotético planteamiento.

Pero, ¿qué tendrá que prometerle Petro a Trump para recibir la absolución? ¿Acaso darle cristiana sepultura a la Paz Total? ¿Extraditar a los cabecillas de las guerrillas? ¿Fumigar sin vacilaciones los vastos territorios cocaleros? ¿Cuáles condiciones más le van a imponer? Porque la invitación no es gratis. Tiene costos que debe asumir el presidente colombiano. Si se resiste, se apagaría abruptamente la pipa de la paz ¿O acaso tendrá suficiente combustible para aguantar más recorrido y más impertinencias? Son interrogantes dentro de los cuales se agitan las apuestas en el mercado especulativo de la opinión pública colombiana. Los incrédulos dudan de su duración, más tratándose de dos picapleitos que han encontrado en el calificativo hiriente, las campanas para tocar a rebato y mantener en vilo a la comunidad internacional.

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