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De la fragmentación al eje

hace 13 horas
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  • De la fragmentación al eje

Por Alberto Sierra - @albertosierrave

Las elecciones presidenciales en Colombia suelen comenzar como un mercado abierto: múltiples candidaturas, discursos superpuestos y electorados fragmentados que expresan malestar más que proyecto. En esa fase inicial, la competencia no está orientada a ganar, sino a existir. Cada candidato habla para su nicho y mide fuerzas sin que el sistema político, como tal, haya comenzado a ordenarse.

Sin embargo, toda elección competitiva atraviesa un punto de inflexión. No ocurre por entusiasmo ni por unanimidad, sino por reorganización. Es el momento en que el sistema deja de girar alrededor de muchas opciones y empieza a hacerlo alrededor de una o dos. El tránsito de la fragmentación al eje.

Las encuestas y, sobre todo, las portadas que las amplifican cumplen allí una función decisiva. No se limitan a describir preferencias: reordenan incentivos. Cuando dos candidaturas se separan del resto, la elección deja de ser un campo abierto de expresión y entra en una lógica estratégica. A partir de ese punto, las opciones menores ya no compiten por ganar; pasan a competir por posicionarse frente al eje.

En ese marco debe leerse la reciente encuesta presidencial realizada por la firma AtlasIntel y publicada por Semana. Se trata de una de las primeras mediciones del ciclo electoral y, como toda encuesta temprana, no define ganadores. Pero sí marca fase. En ese sondeo, Abelardo de la Espriella aparece encabezando la intención de voto con el 28 %, seguido de cerca por su inmediato competidor. La diferencia es estrecha, pero suficiente para producir un efecto político relevante: la señal de que el sistema comienza a concentrarse.

Conviene subrayarlo: no se trata de carisma ni de épica. La centralidad no es un atributo moral; es una condición estructural. Un candidato se convierte en eje cuando otros actores votantes, campañas, opinadores empiezan a calcular sus movimientos en función de él. No porque concentre adhesiones totales, sino porque organiza expectativas.

La fragmentación prolongada no equivale a pluralismo efectivo. Por el contrario, suele favorecer a quien cuenta con una base dura, menos dependiente de la coordinación. Por eso, el momento en que el sistema empieza a simplificarse resulta decisivo. No elimina la incertidumbre, pero la encauza.

Para el votante, este cambio es profundo. Mientras la elección es dispersa, la pregunta dominante es identitaria. Cuando aparece un eje, la pregunta se vuelve estratégica: quién puede realmente disputar el poder. No es cinismo; es racionalidad política. El elector deja de expresarse y empieza a decidir.

En ese contexto, De la Espriella comienza a funcionar menos como una opción individual y más como un nodo de coordinación. Su posición altera el comportamiento del resto del sistema: obliga a redefinir campañas y reconfigura el cálculo de alianzas. No absorbe todo, pero reordena todo.

No hay un ganador definido. Pero sí un cambio de fase evidente. La contienda deja de ser un conjunto de trayectorias paralelas y empieza a comportarse como un sistema. Y como todo sistema en transición, también es vulnerable a errores de lectura.

Convertir una señal temprana en certeza puede ser tan costoso como ignorarla. La historia electoral colombiana está llena de candidaturas que confundieron centralidad momentánea con mayoría social, y de sistemas que se ordenaron demasiado pronto alrededor de ejes frágiles. Cuando eso ocurre, el reordenamiento no fortalece la competencia: la distorsiona.

El riesgo no está en que emerja un eje, sino en absolutizarlo. En asumir que la coordinación ya ocurrió cuando apenas comienza, o en creer que el cálculo estratégico sustituye al trabajo político. La centralidad expone tanto como organiza.

La elección, entonces, apenas entra en su fase real. No porque el resultado esté claro, sino porque los errores de lectura, de expectativa, de sobrerreacción empiezan a ser decisivos. Cuando un eje aparece, la política deja de ser dispersa. Pero todavía está lejos de ser resuelta.

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