x
x

Pico y Placa Medellín

viernes

3 y 4 

3 y 4

Pico y Placa Medellín

jueves

0 y 2 

0 y 2

Pico y Placa Medellín

miercoles

1 y 8 

1 y 8

Pico y Placa Medellín

martes

5 y 7  

5 y 7

Pico y Placa Medellín

domingo

no

no

Pico y Placa Medellín

sabado

no

no

Pico y Placa Medellín

lunes

6 y 9  

6 y 9

El país que soñamos, el año de la responsabilidad ciudadana

hace 3 horas
bookmark
  • El país que soñamos, el año de la responsabilidad ciudadana
  • El país que soñamos, el año de la responsabilidad ciudadana

Por Juan Manuel Del Corral - opinion@elcolombiano.com.co

Comienza un año decisivo para Colombia. En el que elegiremos Congreso y Presidente, y en el que se definirá parte del rumbo institucional, económico y social del país. En medio de ese escenario, marcado por una fuerte polarización y un clima emocional intenso, vale la pena preguntarnos qué significa, hoy, ejercer responsablemente la ciudadanía.

La democracia no se debilita solo cuando se rompen reglas. Se erosiona cuando se degrada la conversación pública, cuando el adversario se convierte en enemigo, cuando los argumentos se reemplazan por descalificaciones y el miedo suplanta a la razón. En tiempos de radicalización, cuidar la palabra, escuchar y argumentar con respeto es cuidar la democracia. Colombia necesita este año más serenidad que estridencia, más criterio que impulso, más reflexión que consignas. No porque debamos renunciar a convicciones, sino porque la democracia se fortalece cuando las diferencias se tramitan con responsabilidad y no con odio.

La democracia se reafirma en las urnas. Votar sigue siendo una de las expresiones más poderosas de pertenencia a la vida común. No como un acto mecánico ni como adhesión ciega, sino como decisión consciente sobre el país que queremos. Cuando los ciudadanos se abstienen, no siempre es por indiferencia: muchas veces es por desencanto.

Pero votar no basta. La democracia no solo necesita participación, necesita criterio. Elegir representantes y gobernantes implica entregarles poder, autoridad y la administración de recursos públicos que pertenecen a todos. Es un asunto delicado, que exige responsabilidad ética, tanto de quien aspira a gobernar como de quien lo elige. Ser congresista o presidente no es un premio ni una plataforma personal. Es un encargo mayor. Gobernar no es improvisar. Manejar recursos públicos no es experimento. Como ciudadanos, deberíamos preguntarnos quiénes están en condiciones de ejercer esos cargos.

Sin señalar personas ni partidos, hay criterios mínimos que deberían orientar nuestra decisión. El primero: integridad personal. Sin ética, no hay Estado que funcione ni política que sirva al bien común. El segundo es el conocimiento del funcionamiento del Estado. Las buenas intenciones no sustituyen la preparación, la experiencia ni la comprensión de cómo se toman decisiones públicas. Y el tercero es la vocación genuina de servicio: disposición de anteponer el interés colectivo al personal, escuchar, construir y rendir cuentas.

Un país no se transforma solo con discursos. Se transforma cuando cuenta con un Estado eficiente, conformado por funcionarios idóneos, íntegros y comprometidos, capaces de enfrentar de manera decidida la corrupción, el despilfarro y las malas prácticas. Este año nos invita a asumir la democracia con madurez. A informarnos, participar, contrastar propuestas, exigir coherencia y votar con responsabilidad. No desde la rabia ni desde el miedo, sino desde la convicción de que el país puede avanzar.

La democracia no es un espectáculo ajeno. Es una construcción que depende de ciudadanos activos, críticos y comprometidos. Y la libertad solo se sostiene cuando quienes la ejercen entienden que viene acompañada de responsabilidad. Recibir el año con este espíritu no es ingenuidad. Es una apuesta por el país. Al final, la calidad de nuestra democracia depende de la calidad de decisiones como ciudadanos.

Síguenos en: Tiktok: @colombia.el.pais Instagram: @COLOMBIA_EL_PAIS_QUE_SONAMOS

Sigue leyendo

Te puede Interesar

Regístrate al newsletter

PROCESANDO TU SOLICITUD