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Sobre salarios

hace 3 horas
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Por José Guillermo Ángel R. - memoanjel5@gmail.com

Estación John M. Keynes, a la que llegan los seguidores de Friedrich Hayek odiando a los keynesianos y, bien que mal, usando la teoría de la propiedad de Rousseau (lo propio es lo que uno construye y mejora para ser libre), seguidos por los que calculan que un salario depende de la demanda que se tenga de operarios o de la oferta de estos (si hay pocos, caros: si muchos, baratos), los que hablan de la circulación de dinero como índice básico para saber si la economía funciona, los que opinan que es necesario invertir pero no saben en qué, los que miden lo que ganan y les queda haciendo falta, las señoras que maldicen alzas y miran qué promociones permitan decir por fin algo, los que van a renunciar porque no vale la pena trabajarle a otro (o de esa manera), los que estudian y se capacitan pero siguen en el mismo puesto, los que calculan el desarrollo por camiones que pasan y movimiento en zonas de cargue y descargue, los que ven que los comercios no paran de vender y entonces la situación no puede estar tan mala. En fin, en la vida corriente lo que producimos tiene un valor monetario, claro que esto no justifica los precios desmedidos de muchos restaurantes y almacenes.

La palabra salario viene de sal (así se pagaban los soldados romanos) porque era (y es) necesaria a humanos y ganado, y se intercambia por cualquier cosa. Y ese salario (la sal buena o mala), se paga por el trabajo útil que hacen otros y por el que uno hace. O sea, medimos nuestra propia rentabilidad por la calidad del oficio que ejecutamos (esperando un reconocimiento en dinero), buscando no solo adquirir lo básico para vivir con dignidad (alimentos, educación, vivienda, salud), sino también lograr un sobrante que permita desarrollar otros sectores de la economía (divertimento, turismo, servicios informáticos). ¿Y cómo se calcula un salario? En términos generales, por la calidad de lo producido y la escasez que haya de quienes lo ejecutan. Si son muchos los ejecutantes de un oficio, el salario es bajo (aumenta la facilidad de reemplazo). Si son pocos, es alto, pues no es fácil encontrarlos.

Pero el asunto no se queda ahí. Los salarios dicen hasta dónde crece una sociedad y qué capacidad de consumir tiene. Keynes establecía que el ingreso debería ser igual al consumo más la posibilidad de ahorro para invertir en acciones de nuevas empresas. Hayek, amigo del mercado liberalizado, sostenía que el salario, como los productos, se regía por necesidad u obsolescencia y que, en esto de cuánto ganar, cada cual era libre de ofrecer y de aceptar sin imposiciones. Y nada de mínimos, solo competencia.

Acotación: un salario debe permitir vivir en condiciones de clase media, la única clase que, sin agresividad, produce intelectuales, científicos, artistas y demanda agregada que mejora la calidad de vida.

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