Los senegales, con un equipo de futbolistas que en su mayoría jugaban en Francia, perdieron por penaltis el partido decisivo (3-2), tras empatar sin goles en el tiempo reglamentario contra la Selección de Camerún, que tuvo en Patrcik Mboma, Salomon Olembé y Rigobert Song, sus grandes figuras.
No era la primera vez que Senegal se acercaba al título continental. En 1965, apenas cinco años después de “la independencia” –los franceses tuvieron tropas militares hasta 2025 en el país–, terminaron en la cuarta casilla de la edición que se jugó en Túnez.
¿Cómo llegó Mané a ser el gran referente del fútbol de Senegal?
En la edición de 1990, que se disputó en Argelia, los senegaleses también ocuparon la cuarta casilla que en 2006, en el torneo que se jugó en Egipto, ostentaron de nuevo. Entonces Sadio Mané, aquel niño que vio desde Bombali, una pequeña aldea agrícola al sur del Senegal, a sus coterráneos representar a su país ante el mundo en terreno asiático, estaba cerca de cumplir 14 años y soñaba con ser futbolista profesional.
Conseguir ese sueño no es fácil en ninguna parte del mundo. Sin embargo, en la aldea donde creció en Senegal era aún más difícil. Por un lado porque pertenecía a una familia pobre que, para sobrevivir, necesitaba de su trabajo en el campo desde niño. Mané no fue a la escuela porque sus padres no tenían el dinero para costear sus estudios.
Por eso, cuando dijo que soñaba con jugar fútbol, pensaron que estaba loco. También debido a que en su familia preferían que practicara otra actividad física. Si bien el balompié goza de popularidad en todo el mundo, no es el deporte Nacional de Senegal. Ese lugar lo ocupa la Lucha Senegalesa, una forma tradicional de enfrentamiento que combina movimientos típicos de esa práctica con rituales culturales, animistas.
Entonces, cuando el joven Sadio dijo que quería dedicarse a patear un balón, no tuvo mucho apoyo. Sin embargo, lo hacía bien. El joven era consciente de que, quedándose en su aldea, no lograría el sueño. Se fue para Dakar, la capital de su país, a probar suerte. Los veedores del Metz francés lo vieron, lo ficharon. Se lo llevaron para Francia.
En 2011 llamó a su mamá para decirle que estaba en ese país y que iba a debutar en el fútbol profesional. “Enciende el televisor para verme, si no me crees”, le dijo, según contó en el documental Made in Senegal. Su carrera despegó. Empezó a cumplir metas: Salzburgo, Southampton, Liverpool de Inglaterra.
Viviendo el sueño de ser futbolista en Europa, después de llevarle la contraria a su familia y “la lógica”, Mané nunca olvidó engrandecer su raíz. Jugando en Inglaterra ayudó para que su seleccionado nacional clasificara a Rusia 2018. Un año después, en el verano de 2019, brilló con su Selección en la Copa de África que se jugó en Egipto, pero no logró que Senegal venciera a Argelia en la final: terminaron, por segunda vez, siendo subcampeones del torneo.
Ya como figura del Bayern Múnich alemán, tocó la gloria por primera vez: fue la gran figura del seleccionado campeón de la Copa África 2021 de Camerún, en la que vencieron a Egipto en la final y consiguieron su primer título continental de la historia. Cinco años después, ya siendo jugador del Al-Nassr de Arabia Saudita y recibiendo un salario de 40 millones de euros al año, dio una lección de humildad, amor tanto para su país, como para el fútbol: en la final de la Copa de África que se jugó en Marruecos, contra el seleccionado local, incentivó a sus compañeros a no salirse de la cancha ante las “injusticias” arbitrales porque les anularon un gol y pitaron un penalti que no era.
Los compañeros siguieron al líder. Al final, el fútbol les dio la razón: levantaron el segundo título. El acto de Mané hizo felices a los ciudadanos de su país –el presidente declaró el lunes como feriado–, pero sobre todo, se convirtió en inspiración para que más niños quieran ser jugadores, como él cuando en 2002 vio a su Selección en el Mundial.
¿Cuál es la labor social que realiza Sadio Mané?
Sadio Mané no solo es una estrella mundial de fútbol. También es, sobre todo, alguien que no ha olvidado sus raíces. No es un hombre ostentoso. Por el contrario, es sencillo, humilde. Desde que jugaba para el Liverpool, en Inglaterra, se dedicó a realizar labores sociales en Bambali, su aldea natal.
A punta de donaciones, ayudó a que construyeran casas, canchas de fútbol, una escuela que lleva su nombre y un hospital para su comunidad, que atiende a personas de los lugares cercanos y es considerado como uno de los mejores del país. Además, apoya a jóvenes con becas para que estudien y les da una cuota de 70 euros mensuales a las familias del pueblo donde creció para cubrir sus necesidades.