El Centro Democrático arranca el crucial año político 2026 en la paradójica situación de tener, por fin, una firme y preparada candidata presidencial - apoyada sin ambages por Álvaro Uribe – y unos militantes y simpatizantes aún confundidos en cuanto a las opciones que se presentan en el espectro político de la centro-derecha, quizás, a causa del tortuosos y largo proceso de definición de la candidatura presidencial del Partido.
Las más recientes encuestas sugieren que el contundente mensaje del expresidente Uribe – estoy obsesionado con ver a Paloma en la Presidencia – no se ha difundido aún de forma plena entre los miembros y simpatizantes del Partido y el uribismo en general. Preocupa que 72% de quienes votarían eventualmente por la lista al senado del CD manifiesten también su intención del hacerlo por el candidato del populismo autoritario y que destacados dirigentes del uribismo histórico continúen todavía bajo el hechizo de otro candidato que no exhibe más credenciales que las de haber permanecido engañado durante ocho años en los gobiernos de Santos.
En sus escasísimos planteamientos sobre temas económicos – los que se irán imponiendo a medida que avance la campaña – el candidato del populismo autoritario ha hecho gala de un talante intervencionista y anti mercado que poco se diferencia del de la izquierda más extrema. Para acabar el hambre, el candidato propone eliminar intermediarios, que el gobierno establezca “precios justos” para alimentos e insumos agrícolas y que otorgue créditos al 2% de interés con plazos hasta de 30 años.
Al parecer el candidato imagina, como predica la izquierda, que los llamados intermediarios son, no agentes importantes en las cadenas de suministro, sino especuladores perversos que deben ser sustituidos por burócratas bondadosos y sabios que saben de precios más que el mercado. Fatal arrogancia. Nadie le ha explicado al candidato que los créditos subsidiados no son más que transferencias gubernamentales - financiadas con impuestos, deuda o inflación- que terminan premiando ineficiencias y, frecuentemente, alimentando la corrupción. Y qué decir de la ocurrencia de poner al Banco de la República a fijar el salario mínimo. ¿Por qué no todos los precios, señor candidato? Así estaríamos ya en el socialismo.
El CD tiene una doctrina en la cual el orden que surge de la seguridad y la libertad económica no son entelequias separadas, sino todo lo contrario. El CD propende por un estado limitado y austero que proteja la propiedad, expida y haga cumplir normas generales que no discriminen y respeten las elecciones de ciudadanos libres y responsables, en respuesta a las señales de un sistema de precios que informa y asigna recursos más correctamente que el buró de planeación centralizada. El objeto de toda violencia es siempre la propiedad y la libertad de disponer de ella. No puede sustituirse la violencia criminal por la violencia estatal supuestamente bienintencionada.
Con el apoyo del Partido todo, Paloma Valencia debe avanzar sin complejos diferenciándose del populismo autoritario y del socialismo vegetariano. Se está en la Gran Alianza para liderarla, no para ser su prisionera.
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