La industria petrolera venezolana atraviesa uno de los momentos más críticos de su historia, pese a que el país concentra gran parte de las reservas de crudo del mundo. No obstante, hay expectativas de algunos cambios a raíz de la captura de Nicolás Maduro por parte de Estados Unidos.
En conversación con EL COLOMBIANO el reconocido economista venezolano José Manuel Puente, profesor del IESA y de la IE University de Madrid, traza un diagnóstico severo sobre el deterioro técnico de la infraestructura petrolera, la caída sostenida de la producción y la pérdida de capital humano clave en PDVSA tras casi tres décadas de mala gestión y desinversión.
El académico desmonta el argumento oficial que atribuye la crisis a las sanciones internacionales, examina el papel del petróleo en la geopolítica venezolana —desde Cuba hasta China— y aborda los riesgos y dilemas de la intervención de Estados Unidos. Aquí la entrevista.
¿En qué condiciones técnicas se encuentra hoy la infraestructura petrolera venezolana —campos, refinerías, oleoductos y demás—?
“Se encuentra en muy mala forma. Venezuela tiene las reservas petroleras más grandes del mundo: alrededor del 24% del petróleo global está en suelo venezolano. Sin embargo, paradójicamente, el país produce apenas cerca de un millón de barriles diarios.
Si se calcula el coeficiente entre reservas y producción, Venezuela presenta el peor desempeño entre las economías petroleras. Arabia Saudita, con menos reservas, produce cerca de 10 millones de barriles diarios, y Noruega, con mucho menos petróleo, supera los dos millones de barriles por día.
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Cuando Hugo Chávez llegó al poder en 1998, Venezuela producía entre 3,2 y 3,5 millones de barriles diarios. A lo largo de los últimos 27 años, la desinversión sostenida, el despido de la mitad del personal más capacitado de PDVSA en 2002 y 2003, las decisiones erradas y un ambiente de negocios hostil marcado por expropiaciones y radicalización política destruyeron los flujos de inversión en exploración y desarrollo. El resultado es la producción actual, cercana a un millón de barriles diarios.
La situación es extremadamente grave. Venezuela necesita tiempo, capital y capacidad técnica, pero perdió buena parte de su capital humano especializado en petróleo y petroquímica, y no cuenta con los recursos financieros para invertir lo necesario y volver a producir entre tres y cuatro millones de barriles diarios”.
¿Quién está produciendo hoy ese petróleo, solo PDVSA?
“Principalmente PDVSA, con una ayuda importante de Chevron, que es, en la práctica, la única gran empresa internacional que sigue produciendo volúmenes relevantes. Otras compañías que tuvieron una participación importante en el pasado, como BP, ya no están en Venezuela”.
¿Por qué se produjo la salida de las empresas petroleras?
“Hay lo que incluso líderes del chavismo han llamado una ‘huelga de inversionistas’. El ambiente ha sido extremadamente hostil: exceso de regulaciones, expropiaciones, nacionalizaciones, discursos incendiarios y falta de respeto a los derechos de propiedad. Todo eso generó los incentivos para que las empresas se retiraran del país”.
¿Qué tanto aporta hoy el petróleo al PIB venezolano?
“El petróleo sigue siendo importante, aunque su peso en el PIB ya no es tan alto como antes. Aun así, continúa siendo el principal sector exportador y el eje que arrastra, para bien o para mal, a la economía venezolana.
Con las mayores reservas del mundo, el petróleo podría ser un motor de desarrollo extraordinario. Arabia Saudita produce cerca de 10 millones de barriles diarios y la petrolera Aramco obtuvo el año pasado beneficios netos por 121.000 millones de dólares. Venezuela, con más reservas, podría utilizar esos recursos para desarrollar sectores alternativos como el turismo, la petroquímica, las frutas tropicales y otros donde tiene claras ventajas competitivas. Hoy no lo es, pero el potencial sigue siendo enorme”.
El Gobierno suele atribuir la crisis a las sanciones de Estados Unidos. ¿Qué tan cierto es eso?
“No cabe duda de que las sanciones han tenido impactos negativos en la actividad económica y petrolera. Negarlo sería irracional. Sin embargo, no son la causa fundamental del colapso económico ni de la destrucción de la industria petrolera.
Entre 2014 y 2020, Venezuela acumuló siete años consecutivos de recesión y perdió el 73% de su PIB. En 27 años se perdieron cerca de 2,5 millones de barriles diarios de producción. Eso se explica principalmente por decisiones económicas equivocadas, desinversión, expropiaciones, nacionalizaciones e hiperregulación.
Las sanciones llegaron en 2017 y 2019, mucho después de iniciada la crisis. Sin duda la profundizaron, pero no son su origen. El chavismo se refugia en las sanciones para ocultar la incompetencia, la corrupción y los errores de política pública que explican uno de los peores desempeños macroeconómicos del mundo en las últimas décadas”.
¿Qué papel ha jugado el petróleo venezolano en la geopolítica internacional?
“En el caso donde el petróleo fue prácticamente regalado, el ejemplo más claro es Cuba. Venezuela llegó a exportar cerca de 80.000 barriles diarios a la isla, que nunca fueron pagados en términos reales. Esos envíos resolvieron el problema energético cubano y permitieron incluso que Cuba revendiera petróleo en mercados internacionales.
Tras la caída de la Unión Soviética, Venezuela se convirtió en el principal sostén del proyecto político cubano, al punto de que decisiones fundamentales del país se tomaron en La Habana. En el caso de China, Venezuela recibió enormes préstamos que comprometieron el pago con petróleo a precios fijos, hipotecando buena parte de su futuro petrolero. Con Rusia e Irán ocurrió algo distinto, pero también han capturado rentas a través de relaciones políticas con la revolución socialista.
Durante muchos años, Venezuela dio la espalda a Estados Unidos, su principal socio comercial histórico, en una historia compleja y de largo plazo”.
¿Existe el riesgo de que Estados Unidos tome control de la industria petrolera venezolana?
“Hay dos ideas clave. Primero, muchos consideramos que la intervención estadounidense fue determinante ante la imposibilidad de una salida democrática. Venezuela lleva 27 años bajo una dictadura que generó el mayor éxodo de América Latina, con más de ocho millones de migrantes.
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En 2024 se ganó una elección con cerca del 70% de los votos, pero el régimen desconoció el resultado y cerró cualquier vía institucional. Bajo esas circunstancias, muchos vieron la intervención como la única alternativa para iniciar la reconstrucción nacional.
La segunda idea es la preocupación por el exceso de tutela. Agradecemos el apoyo de Estados Unidos, pero inquieta el nivel de injerencia que Donald Trump intenta ejercer sobre la industria petrolera y las decisiones soberanas. Venezuela es una república autónoma y debe definir su futuro. La prosperidad vendrá de recuperar la democracia, las instituciones y los derechos de propiedad, no solo del petróleo”.
¿Cuánto tiempo y qué inversión se necesitaría para recuperar la producción petrolera?
“Los análisis más serios estiman entre 10 y 15 años para volver a producir entre 3,5 millones y 4 millones de barriles diarios. Se requerirían entre 150.000 millones y 180.000 millones de dólares en inversiones.
El crudo venezolano es pesado y costoso de extraer. Además, el deterioro de la industria exige tiempo, capital y el acompañamiento de empresas petroleras internacionales. Eso solo será posible con democracia, instituciones sólidas y respeto a los derechos de propiedad”.
¿Qué va a pasar con PDVSA? ¿Está empeñada?
“Sí. No solo PDVSA, también la República. En 1998 la deuda externa era relativamente baja, pero en los últimos 27 años Venezuela dilapidó el mayor boom petrolero de su historia en corrupción y malas decisiones, y acumuló una deuda gigantesca.
Hoy la deuda pública supera el 100% del PIB, una de las más altas del mundo, y la industria petrolera está quebrada. Reestructurar la deuda externa y la de PDVSA es una condición indispensable para recuperar el crecimiento económico”.
¿La solución pasa por privatizar PDVSA?
“No necesariamente. Muchas petroleras exitosas en el mundo son públicas, como Aramco o la empresa noruega. El problema no es que sea pública, sino cómo se gestiona. PDVSA puede seguir siendo pública, pero con gerencia profesional y asociaciones estratégicas con empresas internacionales. La privatización no es la única ni necesariamente la mejor salida, y además hoy no existe consenso político para ello”.
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