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Así se creó el primer implante ocular que le devolvió la vista a personas ciegas

EL COLOMBIANO conversó con Daniel Palanker, el físico de la Universidad de Stanford que desarrolló el chip que permitió que 27 personas con ceguera pudieran volver a leer.

  • El doctor Palanker trabaja en tecnologías ópticas y electrónicas para crear herramientas que ayuden a diagnosticar, tratar, operar y desarrollar prótesis, principalmente para problemas de los ojos. FOTO Cortesía
    El doctor Palanker trabaja en tecnologías ópticas y electrónicas para crear herramientas que ayuden a diagnosticar, tratar, operar y desarrollar prótesis, principalmente para problemas de los ojos. FOTO Cortesía
  • Así se creó el primer implante ocular que le devolvió la vista a personas ciegas
hace 6 horas
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Uno de los avances médicos más prometedores que dejó 2025 fue el que permitió que personas ciegas volvieran a leer gracias a un implante ocular. Aunque para que esta solución salga del laboratorio y llegue de forma generalizada a los consultorios aún faltan varios años, es la primera vez que una prótesis de este tipo devuelve la vista a pacientes con ceguera incurable.

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Los resultados del ensayo clínico del Proyecto Prima –nombre con el que fue bautizada esta hazaña– fueron publicados en octubre en la revista The New England Journal of Medicine. Lejos de ser el punto final de la investigación, esta publicación que dio la vuelta al mundo marca apenas una etapa del proceso: sus autores ya trabajan en los próximos ensayos y en nuevas versiones del implante, con las que esperan alcanzar otros avances prometedores en 2026.

EL COLOMBIANO conversó con Daniel Palanker, profesor de oftalmología en la Universidad de Stanford y uno de los tres científicos que lideró el estudio. Sentado en su oficina en California, con un tablero blanco al fondo cubierto de inscripciones que, al acercar la imagen en la videollamada, parecen fórmulas, el doctor en Física Aplicada explica cómo fue el proceso de más de veinte años para desarrollar el chip que podría convertirse en una solución para una de las causas de ceguera más comunes en el mundo.

Se trata de la degeneración macular, enfermedad que afecta la visión central y detallada que son las que nos permiten leer o reconocer rostros. “Afecta a la mácula, por eso se le llama degeneración macular. La mácula es el centro de la retina, y la retina es la capa más interna del ojo, donde llega toda la luz. La córnea y el cristalino permiten el paso de la luz hasta la retina, que es la encargada de recibirla y enviarla al nervio óptico para que llegue al cerebro y así podamos ver. La mácula es la que nos da la capacidad de percibir colores y nitidez, y es precisamente la que se ve afectada en esta enfermedad”, detalla Andrea Hoyos, oftalmóloga especialista en retina que no participó en la investigación.

La particularidad de este tipo de degeneración es que su principal factor de riesgo es la edad: es una de las principales causas de ceguera a nivel mundial, y la más común en mayores de 60 años. Se cree que actualmente hay 200 millones de personas con esta enfermedad que hasta ahora no tiene cura y se proyecta que para el 2040 la cifra llegue a los 288 millones.

Es ahí donde entra la investigación desarrollada por Palanker. Para devolver la visión a quienes la perdieron a causa de la degeneración macular, se implanta un diminuto chip inalámbrico en la parte posterior del ojo y se utilizan unas gafas de alta tecnología con una pequeña cámara, que captura las imágenes y las proyecta en tiempo real, mediante luz infrarroja, al chip Prima. Este, a su vez, las convierte en estimulación eléctrica, cumpliendo la función de los fotorreceptores –las células de la retina encargadas de detectar la luz y transformarla en señales eléctricas que el cerebro interpreta como imágenes– que fueron dañados por la enfermedad.

Así se creó el primer implante ocular que le devolvió la vista a personas ciegas

“La idea de una prótesis retinal basada en una matriz fotovoltaica –es decir, un implante inalámbrico alimentado por luz– surgió en 2005, hace unos 20 años, y desde entonces la he tratado de desarrollar con mi grupo de investigación. Nos tomó alrededor de siete años obtener una prueba de concepto: construir los chips y probarlos primero ex vivo (fuera del organismo) y luego en animales, específicamente en ratas.

Para 2013 ya contábamos con datos en animales muy convincentes. Ese mismo año, un grupo francés liderado por José-Alain Sahel, en París, fundó Pixium Vision, una compañía que licenció nuestras patentes y comenzó a comercializar el chip y a llevarlo a ensayos clínicos. Los primeros pacientes fueron reclutados en 2018. La primera fase, llamada ensayo de viabilidad, incluyó a cinco pacientes en París, a quienes se les hizo seguimiento durante cinco años, hasta 2023.

Dado que los resultados fueron muy positivos, la compañía inició una segunda fase para la aprobación en Europa, con 38 pacientes. Este ensayo, conocido como ensayo fundamental o fase 3, comenzó en 2023 y los resultados del primer año se obtuvieron en 2024. Estos hallazgos fueron publicados recientemente en el New England Journal of Medicine, como usted ya sabe”, cuenta Palanker.

En ese último ensayo que menciona participaron 38 personas mayores de 60 años de Gran Bretaña, Francia, Alemania, Italia y los Países Bajos diagnosticadas con atrofia geográfica, una forma avanzada de degeneración macular. A todos ellos se les implantó el chip Prima mediante un procedimiento que dura aproximadamente 80 minutos, conocido como vitrectomía, y que el profesor de Stanford explica de la siguiente manera:

“En esta cirugía lo que hacemos es remover el vítreo de enfrente de la retina, luego inyectamos fluido debajo de la retina y esto la levanta. Después hacemos un pequeño corte en la retina periférica para poder inyectar el chip debajo de la retina. Lo deslizas hacia ese punto ciego justo en el medio de la mácula.

Y la retina se vuelve a adherir inyectando un fluido pesado, conocido técnicamente como fluorocarbono. Y después de la adhesión, básicamente la cirugía termina. Se deja recuperar a los pacientes tras la cirugía por tal vez un par de meses y luego vienen al hospital para ajustar las gafas y empezar a usarlo”.

Fueron exactamente entre cuatro y cinco semanas las que debieron transcurrir para que los pacientes del ensayo pudieran empezar a usar las gafas, y luego se necesitaron varios meses de entrenamiento para que alcanzaran una mayor agudeza visual. De los 32 participantes que completaron el ensayo de un año, 27 lograron volver a leer gracias a este implante de 30 micras de grosor que, para hacerse una idea, es más delgado que una hebra de cabello humano, la cual puede llegar a medir hasta 100 micras.

Durante el año que duró el ensayo, los pacientes utilizaron el chip para tareas cotidianas como leer libros, etiquetas de alimentos y letreros del metro. Uno de los testimonios más reconocidos fue el de Sheila Irvine, una mujer británica que participó en el estudio y que, debido a la atrofia geográfica, perdió la capacidad de leer, su pasatiempo favorito. Algo similar le sucedió a Alice Charton, una profesora retirada que vive en París y que quedó devastada luego de haber pasado una vida entera enseñándole a niños a leer en la escuela, para luego perder su visión y no poder hacerlo ella misma.

“Otro paciente con el que hablé recientemente es un arquitecto de Italia, y ha vuelto a trabajar gracias a nuestro sistema. Entonces, nos contó que está usando AutoCAD, un software de arquitectura, y que ahora cuando mira la pantalla del computador puede ver sus diseños. En este momento está trabajando en los ajustes finales de una iglesia en Roma, entonces eso es increíble”, asegura Palanker.

Aunque ya se han desarrollado otras prótesis oculares con el objetivo de tratar la ceguera, estas solo han logrado proporcionar a los pacientes sensibilidad a la luz, pero no una visión funcional. Esta es la primera vez que un implante permite ver a personas que habían perdido la vista, lo que representa un logro excepcional en la investigación y el desarrollo científico de las últimas décadas en este campo. Son varias las investigaciones que recuerda Palanker que se han realizado en los últimos veinte años con el mismo objetivo.

“En ese momento, cuando iniciamos el proyecto, había varios grupos trabajando en distintos enfoques, y todos se basaban en implantes con cables. Había una fuente de alimentación ubicada fuera del ojo y cables que atravesaban la esclerótica hasta el interior, donde se encontraba el implante.

Una de las compañías se llamaba Second Sight, con sede en Los Ángeles. Tenían un implante retinal que se colocaba sobre la retina y que se conocía como Argus. Otra empresa era Retina Implant AG, ubicada en Tubinga, Alemania, cuyo implante se llamaba Alpha IMS. Ambos dispositivos fracasaron en 2019, después de que los ensayos clínicos demostraran que los pacientes podían percibir luz, pero no obtener una visión de formas verdaderamente funcional”, explica el físico.

Como mencionó el autor de la investigación, Prima nació en los laboratorios de Stanford, luego pasó a ser desarrollada por Pixium Vision y, a comienzos de 2024, esta tecnología fue adquirida por Science Corporation, una compañía dirigida por Max Hodak, expresidente de Neuralink, la empresa de Elon Musk dedicada a crear chips que conectan el cerebro humano con la inteligencia artificial, con el objetivo de transformar el tratamiento de distintas enfermedades como la epilepsia o la esclerosis lateral amiotrófica.

Entre los futuros planes de Science Corporation está también el desarrollo de chips cerebrales con funciones similares a los de Neuralink, lo que coloca a ambas compañías en una carrera de desarrollo tecnológico de soluciones terapéuticas. En el caso de Palanker –autor de 70 patentes y fundador de siete tecnologías de plataforma–, los pasos a seguir están enfocados en mejorar las funciones de Prima e incluso en ampliar su margen de acción para otras enfermedades visuales. Una de las limitaciones que tiene la actual versión del chip es que este solo proporciona visión en blanco y negro, que es la necesaria para leer libros o señales.

“Queremos explorar la visión en escala de grises y las características de escenas normales como el reconocimiento facial, que es muy importante para las interacciones sociales de los pacientes. Quieren ver caras. Y para eso, realizaremos un ensayo sobre su percepción de escala de grises y software para optimizar la representación de rostros. Eso se hará con los pacientes existentes”, anuncia.

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Y el otro estudio que Palanker está planeando para 2026 consiste en realizar una prueba de viabilidad para comprobar si el chip también funcionaría en pacientes con retinitis pigmentosa, una enfermedad hereditaria que hace que las células de la retina dejen de funcionar gradualmente, que afecta a 1 de cada 4.000 personas y que no tiene cura. Al mismo tiempo, este año continuarán avanzando en el proceso de recibir el visto bueno de las autoridades sanitarias para el uso de chip:

“Si funciona en un ensayo pequeño de viabilidad, probablemente tendremos que realizar uno más grande para probar su uso en la retinitis pigmentosa. Además, para lograr la aprobación en otros países, como Estados Unidos, será necesario tratar a algunos pacientes allí, ya que no aceptarán únicamente datos europeos y querrán contar también con evidencia generada en EE. UU.

Aún no sabemos cuántos pacientes se requerirán; eso se está negociando actualmente con la FDA, pero es un proceso que ya está en marcha. Una vez se obtenga la aprobación tanto en Europa como en Estados Unidos, la tecnología podría utilizarse en esos países. Desconozco cuáles son las regulaciones en otros lugares: algunos pueden exigir sus propios estudios, mientras que otros aceptarán la aprobación estadounidense o europea”, comenta.

En cuanto a la llegada de este implante a otras regiones, como Latinoamérica, Palanker se muestra optimista y espera que tenga una acogida similar a la del implante coclear, desarrollado hace unos cuarenta años y hoy utilizado en todo el mundo por pacientes con sordera profunda. Actualmente, este dispositivo cuenta con dos grandes fabricantes, uno en Estados Unidos y otro en Australia, que se encargan de distribuirlo a escala global.

La idea es que esta solución llegue a todos los lugares donde sea necesaria y que, en un contexto global en el que el envejecimiento avanza cada vez más rápido, sea posible volver a leer y a reconocer los rostros familiares a pesar del paso de los años.

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