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423 días en el infierno: los testimonios de los italianos liberados de una cárcel de Venezuela

Mario Burlò y Alberto Trentini regresaron a Italia con relatos sobre el encierro, el hacinamiento y el aislamiento en una prisión venezolana.

  • Izquierda Alberto Trentini. Derecha Mario Burló, italianos liberados tras un año presos por el régimen de Maduro. Foto: captura de video.
    Izquierda Alberto Trentini. Derecha Mario Burló, italianos liberados tras un año presos por el régimen de Maduro. Foto: captura de video.
hace 3 horas
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“Desaparecieron a Mario”, decían sus allegados y familiares. Nadie supo de él desde noviembre de 2024, cuando viajó a Venezuela para intentar poner en marcha un negocio. En realidad, este italiano de apellido Burlò, de 52 años, estaba encerrado en una cárcel venezolana, sometido a hacinamiento, oscuridad y aislamiento, sin contacto con el exterior y bajo la condición de preso político extranjero.

Esta semana, tras el vuelco político que siguió a la captura de Nicolás Maduro, Burlò y Alberto Trentini, otro ciudadano italiano detenido en el mismo periodo, recuperaron la libertad. Ambos regresaron a Roma en la madrugada del martes, después de haber pasado más de 14 meses privados de la libertad en uno de los centros de detención más temidos del país.

Ambos fueron llevados al penal de El Rodeo I, en Guatire, donde quedaron retenidos bajo la condición de presos políticos. La detención se produjo sin orden judicial ni formulación de cargos, y durante meses permanecieron incomunicados, sin defensa legal. El consulado italiano solo logró visitarlos medio año después.

Las capturas fueron interpretadas como una señal de presión del régimen de Nicolás Maduro sobre Italia en medio de la crisis diplomática.

Sus testimonios, divulgados por la prensa italiana, reconstruyen una experiencia que describen como una forma de secuestro institucionalizado.

Burlò y Trentini fueron arrestados sin explicación alguna en noviembre de 2024. En el caso de Burlò, pesaban investigaciones judiciales abiertas en Italia, pero durante meses nadie confirmó su paradero. Su familia solo tuvo noticias en marzo de 2025, cuando logró enviar un mensaje desde la prisión a través de familiares de otros detenidos.

Lea aquí: Dictadura en Venezuela solo ha liberado a 56 presos políticos y oposición denuncia que manipulan las cifras

Era peor que Alcatraz”, relató Burlò tras pisar suelo italiano. “Hemos pasado 14 meses durmiendo en el suelo, con cucarachas. No hemos sufrido torturas físicas, pero sí psicológicas. Como no poder hablar con mis hijos durante un año. La primera llamada la hice después de once meses y medio. He tenido miedo de que me mataran”, dijo en entrevista con El País.

Sus testimonios han servido para que el mundo se entere de la crueldad del régimen. Ambos describieron celdas estrechas, casi sin luz, donde apenas podían caminar seis pasos de un extremo a otro. A las 5:30 de la mañana eran despertados para pasar lista, en una rutina que incluía nombre, apellido y nacionalidad. Luego venía un café y, durante el día, la misma comida una y otra vez: arepas de maíz que les pasaban por una abertura de la puerta.

Trentini aseguró que la cantidad de comida era suficiente para sobrevivir, pero no había variación. A diferencia de los presos venezolanos, no podían recibir visitas. La única manera de comunicarse con sus familias era a través de parientes de otros internos, que lograban sacar mensajes clandestinos.

Siga leyendo: Rocío San Miguel, Javier Tarazona y Juan Pablo Guanipa: la historia de los primeros presos políticos liberados en Venezuela por exigencia de EE. UU.

De manera periódica, los sacaban de sus celdas encapuchados y los cambiaban de pabellón, una práctica que —según otros reclusos— buscaba aumentar la desorientación psicológica. Solo tenían una hora de patio al día, cinco días a la semana. No se permitían libros. Solo una Biblia en español.

Además del hacinamiento, la oscuridad y la rutina en la comida, tenían que soportar extremas condiciones sanitarias. Por ejemplo, el baño donde hacían sus necesidades estaba ahí mismo donde dormían. Los guardias les tiraban agua solo dos veces al día. “Tenías que elegir entre vivir todo el día con ese hedor o usar tu agua de beber para limpiar los residuos”, explicó Burlò.

En su caso, como ya había tenido problemas con la justicia en Italia por presuntos vínculos con la mafia, conocía otras cárceles, pero en comparación con la de Venezuela las describió como “un club de crucero”.

Afirmó que el único vínculo con el mundo exterior era la televisión chavista, que podían ver algunos días de la semana.

El impacto físico fue devastador. “He perdido 30 kilos, pero no me importa”, dijo Burlò. “Lo importante es haber regresado y poder volver a abrazar a mis hijos. He superado estos meses pensando en ellos y en mis amigos. Digamos que he estado secuestrado, como muchos otros extranjeros que aún siguen allí: 94 de 34 nacionalidades distintas, en condiciones inhumanas”.

Para Trentini, la supervivencia tuvo también un componente humano. Conoció a Burlò durante la hora de patio y desde entonces formaron un vínculo. “Mario tiene un carácter más extrovertido y me ayudaba a mantener la moral alta”, contó. “Somos muy felices de estar libres, pero nuestra felicidad ha tenido un precio altísimo. No se pueden borrar los sufrimientos de estos 423 días interminables”.

Puede leer: ¿Liberaciones a medias en Venezuela? ONG cuestionan liberaciones anunciadas por el régimen de Maduro

La liberación se produjo la noche del domingo. Sin saber hacia dónde los llevaban, fueron sacados de sus celdas. Les entregaron ropa limpia y les raparon la cabeza. Según antiguos reclusos, es una práctica habitual cuando se deja en libertad a un detenido, para que no queden marcas visibles de posibles golpes. También, en las semanas previas, les mejoran la alimentación para que recuperen peso y presenten mejor aspecto al salir.

Horas después, ambos abordaron el vuelo que los llevó de regreso a Italia. Detrás quedaba una prisión que describen como un lugar de oscuridad, encierro y silencio, y una experiencia que, según dicen, los acompañará para siempre.

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